Dorothea Lange


Dorothea Lange, nace en Hoboken (Nueva Jersey - USA) en el año 1895 y fallece en San Francisco (California – USA) en el año 1965.

Con tan solo siete años contrae la poliomielitis, enfermedad que le daña el desarrollo de la pierna derecha, mancándola este hecho de por vida.

En 1917 estudia en la Clarence White School (Nueva York), de marcada tendencia pictoralista.[1] Aunque las verdaderas señas de identidad de su trabajo se las proporciona su faceta como reportera, que comenzaría a ejercer dos años más tarde, en 1919 cuando abre un estudio en San Francisco.

Antes de ello, en el año 1918, se dedica a dar la vuelta al mundo. Afición que compaginará con su trabajo de reportera más adelante.

En 1920 se casa con su primer marido, el pintor Maynard Dixon, con quien tiene dos hijos.

En Taos, México conoce a Paul Strand, quien tendrá una cierta influencia en su trabajo. También establece relación con Imogen Cunninghan, quien junto con Margrette Mather y Laura Gilpin son exponentes de un pictorismo moderno e híbrido en el que confluyen las atrevidas formas de la modernidad y del esteticismo hermético y la suavidad atmosférica del pictorismo.

Posiblemente influenciada por sus frecuentes contactos, a partir de 1933, con el grupo f/64 (también llamado 64f)[2] empieza a reflejar su entorno mediante documentos fotográficos de las condiciones laborales de la época, dedicando especial interés en captar a los más afectados por la grande presión norteamericana de los años 30.

En 1934 ofrece su primera exposición, en al galería de Willard Van Dike. Y un año más tarde trasladará su residencia a Carlifornia, Berkey, tras casarse con Paul Taylor.

Desde el año 1935 al 40 estuvo trabajando para la administración de Franklin Delano Roosbelt, mediante su programa de recuperación económica, el New Deal y sobretodo mediante la Farm Security Admnistration (FSA), cuya sección fotográfica fue mucho más allá de dejar constancia de las actividades de esta y constituyó un impresionante archivo gráfico que abarcaba todos los aspectos de la vida en el campo.

En esta época es cuando Lange prepara junto a su marido “A American Exodus, A Record of Human Erosión”. Libro, editado en 1939, donde se combinan junto a las fotografías textos que ofrecen un análisis del fenómeno migratorio así como microfilms donde se recogen fragmentos de conversaciones escuchadas en el momento en que se tomaba la fotografía.

A mediados de los años 40 Lange que había sido contratada para documentar a los japoneses-americanos en los campamentos es censurada por parte de Autoridad de Reubicación de la Guerra, al mostrar los campos de internamiento de los americanos de origen japonés.

A partir de esta fecha empieza a tener problemas relacionados con su salud, hecho que determina que su objetivo fotográfico se vuelque hacía temas cercanos como su familia.

En la década de los 50, mientras su estado de salud se lo permitió, realizó diversos trabajos para revistas en América Latina, Así y África, así como un estudio sobre el sistema judicial californiano.

A partir de 1964, tras tener conocimiento de que padece un cáncer, se dedica a lo que sería sus dos últimos proyectos: organizar una retrospectiva de su obra en el MOMA y ha documentar su vida. Mediante estos escritos que recogió explica su ideario fotográfico, su forma y manera de ver, percibir y vivir la fotografía. En ellos se autodescribe como una fotógrafa totalmente purista y defensora de la fotografía directa, objetiva y sin pasar por ningún tipo de manipulación
Lange que no sufría las limitaciones de las grandes y pesadas cámaras fotográficas, comentó:

“Te cuelgas la cámara en el cuello así como te calzas los zapatos y ahí está, un accesorio del cuerpo que comparte la vida contigo. La cámara es un instrumento que enseña a la gente cómo ver sin la cámara.”

El 11 de octubre de 1965 fallece en San Francisco.

El verdadero éxito de la obra de Dorothea Lange no se da hasta el año 1972, cuando el Museo de Whitney incorpora 27 obras en la exposición “Executive Order 9066” destinada a mostrar el internamiento japonés. El entonces crítico del New York Times, A.D. Coleman, describió las fotografías de Lange como: “documentos de tan alto nivel que compenetran los sentimientos de las víctimas y también los hechos del crimen.”

Lange dejó aproximadamente 25,000 negativos que ahora son parte trascendente de la historia de Estados Unidos.

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