María Goyri

sábado 11 de abril de 2009

Fotografia de María Goyri y su marido Ramón Menéndez Pidal

Siguió los pasos de Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán y perteneció a la tercera generación de mujeres eminentes del XIX. Ingresó como oyente en la Universidad en 1891. Antes de la Guerra Civil trabajó en la Institución Libre de Enseñanza. Dedicó sus últimos años a la investigación filológica.

Si en el otoño de 1892 le hubieran dicho a María Goyri que, cien años después, la mayoría del alumnado universitario español sería de sexo femenino, quizá le habría costado un poco creerlo. Pero sólo un poco. Al fin y al cabo, nadie como ella iba a dedicar tan abnegada y eficazmente su vida para conseguirlo. Fue la primera universitaria española de la época contemporánea, porque antes de la Contrarreforma y la Ilustración nuestro país era de los menos cerrados en materia de instrucción y dignificación femeninas.

Pero durante el siglo XIX dos generaciones de mujeres eminentes, cuyas máximas figuras son Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán, tuvieron que rehacer el camino y el tiempo perdidos. Una tercera, de la que María Goyri es quizás el nombre más importante, aunque hoy casi olvidado, tuvo que saltar de siglo para llevar a la práctica lo que en teoría demandaban nuestras primeras feministas. Humanistas, deberíamos decir; puesto que al defender los derechos de la mujer defendían los de media Humanidad y nunca hicieron bandera sexista ni sectaria de sus propósitos de igualdad legal, instrucción general y emancipación individual.

Hay un momento clave en el que la anciana Doña Concepción, la genial Doña Emilia, y la jovencísima María cruzan sus caminos vitales, tan distintos y tan complementarios. Lo recuerda en su excelente bosquejo biográfico Antonina Rodrigo y quizá de él habría de partir una historia del feminismo español, cuando se escriba. Fue en ese mismo año de 1892, en el Ateneo de Madrid, donde tenía lugar el Congreso Pedagógico Hispano-Portugués-Americano. Salió a debate la ponencia de Concepción Arenal sobre la educación de la mujer y los dos aspectos que reclamaba: la formación intelectual y la educación física.

Otra mujer muy notable, Carmen Rojo, que dirigía la Escuela Normal de Maestras, se opuso frontalmente a la reivindicación gimnástica, hecho que puede parecer hoy trivial pero que tiene mucho sentido si pensamos en todos los tabúes y simbolismos que el cuerpo de la mujer encerraba para la época. Enconado el debate, saltó a la palestra una joven rubia, alta, de ojos verde agua, que defendió con vehemencia las tesis de Concepción Arenal. Fue tan apabullante y encendida su intervención que el salón se venía abajo con los aplausos. Doña Emilia Pardo Bazán se fue hacia la muchacha y le propinó un abrazo de los suyos, aplastante. Ahí se consagró María Goyri ante el pequeño gran mundo de las intelectuales españolas, cuya dedicación a la enseñanza ha sido la clave de su éxito final.

Pero María no hablaba a humo de pajas ni por razones meramente teóricas, sino basándose en su propia experiencia vital. Desde niña había tenido que recurrir, empujada por su madre, al ejercicio físico para combatir una artritis de origen tuberculoso.

Su progenitora Doña Amalia era una mujer avanzadísima para la época, porque no sólo la metió en el gimnasio sino que la apuntó a una clase de dibujo con niños varones y le dio ella misma clases de todo, especialmente de autodisciplina.

A su empuje se debe indudablemente la seguridad en sí misma y la fe en el progreso de la mujer que llevaron a María, de familia vasca pero nacida en Madrid, ciudad en la que se instaló definitivamente a los cinco años, a ingresar como oyente en la Universidad junto a su gran amiga Carmen Gallardo en el curso del 91. Cuando Carmen quedó huérfana de padre -Don Mariano, que cumplió con ella un papel similar al de Doña Amalia en María- y se casó ese mismo año con un hombre notable, Ibáñez Marín, se dispuso a continuar su camino sola. Por poco tiempo.

Siendo una personalidad destacadísima, María era también el fruto del esfuerzo de beneméritos apóstoles de la emancipación femenina y la igualdad de los sexos, como Fernando de Castro, gran amigo de Concepción Arenal y creador de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer. Entre las secciones académicas estaba la Escuela de Comercio, en la que la hija de Doña Amalia entró a los 12 años. A los 17 empezó a frecuentar la Institución Libre de Enseñanza y a los 18 y 19, como oyente, y ya como alumna oficial, entró en la Universidad.

Por cierto que debía ir a la sala de profesores y entrar acompañada de éstos en el aula, sin frecuentar los pasillos ni sentarse junto a los compañeros en clase. Precauciones estúpidas, concesiones a los prejuicios de la época, que el ejemplo de María derruyó más eficazmente que todas las argumentaciones.

Curiosamente no fue allí sino otra vez en el Ateneo donde encontró al hombre de su vida, en uno de esos cruces biográficos que hacen las delicias de los historiadores. Daba allí unas conferencias Marcelino Menéndez Pelayo, volcado ya en el estudio de las ideas estéticas y de la literatura hispanoamericana, y a escucharle acudió su antiguo alumno Ramón Menéndez Pidal, ya profesor universitario.

También acudió María, que llamaba la atención en todas partes y sin duda despertó algo serio en el entonces precocísimo maestro, casi tan precoz como en su día Don Marcelino.

Inclinada vocacionalmente al estudio de la literatura española y, en especial, la primitiva, era inevitable que la casualidad diera paso a la lógica y María se convirtiera en alumna de Ramón, luego en su colaboradora y finalmente en su mujer.

Fue el híspido y atormentado sobrino del rey Sabio, el infante don Juan Manuel, quien enlazó definitivamente esos dos espíritus severamente libres. María preparaba su tesis sobre el Libro del Conde Lucanor y Ramón un estudio sobre la obra de Don Juan Manuel. Nunca se sabrá qué fue primero, el enxiemplo o el amor, pero de aquel estudio salieron juntos para el resto de sus vidas. Su luna de miel fue célebre porque la hicieron siguiendo la ruta del Cid, que así de encantadoramente estudiosa y pacata era la juventud de la época; y en honor al héroe medieval, redescubierto por Don Ramón, le pusieron a su primera hija Jimena, como la esposa de Don Rodrigo. Digna hija de María y nieta de Amalia, Jimena habría de ser la tercera mujer excepcional en la renovación pedagógica del siglo XX español.

En el estilo de la Institución pero también en el vitalísimo de la propia María, el joven matrimonio Menéndez Pidal-Goyri salía de excursión por la Sierra del Guadarrama, acompañado de Jiménez Marín-Gallardo. Iban de caza, pero no cinegética sino literaria: romances viejos conservados en la tradición oral de la sierra madrileña, en cuya Ermita del Paular pasaban los veranos.

Con los años y la maternidad -tras Jimena llegó Ramón- María empezó a ser Doña María, como Ramón llegó a ser Don Ramón. Ella era una mujer imponente, al decir de los que la veían por primera vez. Su estatura, sus ojos, su porte altivo y la energía que emanaba toda su figura la convertían en modelo de maestra.

Sin embargo, era tan sincero su amor al estudio, tan compenetrada estaba con la obra que lleva el nombre de su marido, tan discretamente llevaba sus asuntos religiosos, familiares y personales que nunca fue objeto de habladurías ni de críticas. Y es incalculable, de nuevo, lo que ese ejemplo supuso para la nueva consideración de la mujer en la España de comienzos de siglo.

Además de las investigaciones sobre el Romancero, el Conde Lucanor y Lope de Vega, su única aventura sentimental -decía ella- con algunos siglos de retraso, María Goyri trabajó hasta la Guerra en el Instituto-Escuela de la Institución Libre de Enseñanza, dedicada a la docencia del español en la Preparatoria. Mantuvo siempre su querencia higienista, combinando el juego y el ejercicio físico con el intelectual, siempre severa y exigente tanto con el niño como, sobre todo, con el maestro. Igual que ella fue alumna de su madre, Jimena lo fue suya y luego maestra de maestras, del Instituto-Escuela al Colegio Estudio. No dejó tampoco de cultivar el periodismo didáctico, y ahí están sus Crónicas Femeninas en la Revista Popular.

La Guerra Civil fue una hecatombe para los Menéndez-Goyri. Estaban en el bando de Franco pero seguían defendiendo sus ideas liberales, incluyendo la educación femenina en todos los ámbitos. El retroceso sólo fue episódico, aunque sórdido. Tras las depuraciones de posguerra y los oscuros años 40, a la sombra de un Imperio de papel biblia o de papel de estraza, según los escribanos, fueron rehaciendo sus vidas y su obra. Jimena tomó el relevo educativo, mientras Doña María se consagraba al archivo familiar y la investigación filológica. Murió en 1955. Literata, pedagoga, feminista, ciudadana, su vida fue una síntesis admirable de ética y estética.

Concepción Arenal


“Mi vida ¿a quién importa?
¿Quién soy?
Una hoja caída
que un día barrerá
el huracán (...)”.


Estos versos introductorios son el modesto resumen autobiográfico de este personaje brillante, una de las mujeres más populares de la España del siglo XIX.

Concepción Arenal nació en una modesta casa del barrio de Ferrol Vello un 31 de enero de 1820. Su niñez transcurrió en La Coruña. Su padre, liberal constitucionalista, había sido sargento mayor y secretario político del Gobierno Superior de la Provincia de Galicia en 1820 que, por la violenta represión absolutista, sufrió persecución, cadena y destierro. Esos sufrimientos le llevaron a la muerte a los 39 años. Para Arenal, el recuerdo de su padre será una guía en su comprensión del dolor humano. En 1829 se traslada con su madre, de quien recibirá una férrea formación religiosa, a Armaño, en Santander. En 1834 se instala en Madrid para estudiar en un colegio de señoritas.
Siete años después, en contra de la oposición materna, entra, por primera vez en la Universidad española, como oyente en las aulas de Derecho, disfrazada con indumentaria masculina. Vestida también de caballero participa en las tertulias políticas y literarias, rechazando así la tradicional condición de mujer de su tiempo.
Acabó la carrera y, en 1848, se casó con el también abogado y escritor Fernando García Carrasco. Años después el matrimonio colaboró en el periódico liberal “Iberia”, pero en 1857 murió su marido y se quedó sin recursos.

Arenal no fue, únicamente, una prolífica teórica de prodigioso talento, sino que también practicó con tenacidad sus ideas, inspiradas en los principios de libertad, justicia y caridad. En 1859 fundó, en Potes, en donde residió después de vender sus bienes de Armaño por dificultades económicas, el grupo femenino de las Conferencias de San Vicente de Paúl para ayuda de los pobres.
Dos años después, en 1861, la Academia de Ciencias Morales y Políticas la premió por su memoria “La beneficencia, la filantropía y la caridad”. Era la primera vez que la Academia premiaba a una mujer. En 1863 se convierte también en la primera mujer que recibe el título de Visitadora de Cárceles de Mujeres. Reside en La Coruña y en tres meses visita todas las cárceles de Galicia.

En 1868, Concepción Arenal es nombrada Inspectora de Casas de Corrección de Mujeres. Tres años después sale a luz en Madrid “La Voz de la Caridad”, revista fundada por A. Guerola y Arenal y en la que escribe durante catorce años, destapando las miserias del mundo que la rodea.
Funda, en 1872, la “Constructora Benéfica”, una sociedad filantrópica de casas baratas para obreros. Organiza en España la Cruz Roja de Socorro para los heridos de la guerra carlista y será voluntaria durante varios meses al frente de un hospital en Miranda de Ebro. Es también una de las mentes más lúcidas de la historia de la medicina hospitalaria por sus aportaciones a la curación de enfermos, a la asistencia sanitaria y psiquiátrica, a la higiene y al papel de la mujer en las diferentes instituciones relacionadas con la cura de los enfermos. Con ella nace el feminismo en España, al romper con la tradicional marginación de la mujer y reclamar su protagonismo en todas las esferas de la vida social.

“Estudios penitenciarios”, “Cartas a los delincuentes” y “El visitador del preso” componen, dentro de su densa y prolífica obra, la trilogía de su pensamiento de penalista genial, lleno de gritos de piedad y de angustia.
Traducida a varios idiomas, fue inicialmente más apreciada en el extranjero, donde fue proclamada como una autoridad internacional en la materia creadora de su propia doctrina, sin seguir ninguna escuela penitenciaria. En aquellos años se le reservaba un lugar de honor en todos los congresos penitenciarios de Europa y los Estados Unidos, en los que participó sin estar nunca presente, pues no quiso salir del país. Sus magistrales informes son una lúcida y anticipada visión de muchos problemas futuros.
Concepción Arenal fue también poetisa, novelista, autora dramática y de zarzuela. Como periodista escribe en numerosas revistas especializadas, tanto en España como fuera, ayudada por su conocimiento del francés y el italiano. Firmó artículos en la prensa gallega y en la de la emigración en Cuba.

Esta penalista murió en Vigo el 4 de febrero de 1893,tras una penosa enfermedad. Después de muerta, la publicación de sus obras completas en 23 tomos fue costeada por su hijo y tuvo varias ediciones.

Pensadora, modesta e inconformista, con una inagotable bondad, un agudo sentido de la justicia como expresión de sus ideas filantrópicas cristianas -con ciertas concomitancias con el socialismo utópico- y una rebeldía liberal, Concepción Arenal tuvo un tardío reconocimiento en su ciudad natal, pues fue la última de todas de las que levantaron una estatua en su ilustre memoria.

Frases celebres de

"Sustituir el amor propio por el amor a los demás es cambiar un tirano insufrible por un buen amigo."
"El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído."
"La pasión para el hombre es un torrente; para la mujer, un abismo."
"La felicidad es ciega, sobrado arrogante para ver precipicios bajo las flores que cubren su camino."
"Proteger el trabajo es proteger la virtud, consolar dolores, arrancar víctimas al crimen y a la muerte."
"No es tan culpable el que desconoce un deber como el que lo acepta y lo pisa."
"A veces damos el nombre de favor a la justicia, y creemos de muy buena fe que fuimos buenos y generosos cuando no hemos sido más que justos."
"Hay tanta justicia en la caridad y tanta caridad en la justicia que no parece loca la esperanza de que llegue el día en que se confundan."
"Las fuerzas que se asocian para el bien no se suman, se multiplican."
"El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro."
"La democracia, como la aristocracia, como todas las instituciones sociales, llama calumnias a las verdades que le dicen sus enemigos y justicia a las lisonjas de sus parciales."
"Un hombre aislado se siente débil, y lo es."
"El error es un arma que acaba siempre por dispararse contra el que la emplea."
"La caridad es un deber; la elección de la forma, un derecho."
"Cuando la culpa es de todos, la culpa no es de nadie."
"No hay animal tan manso que atado no se irrite."
"El pobre se arruina en el momento en que deja de ser sobrio."
"Las malas leyes hallarán siempre, y contribuirán a formar, hombres peores que ellas, encargados de ejecutarlas."
"La injusticia, siempre mala, es horrible ejercida contra un desdichado."

Obras de Concepción Arenal

Obras completas. Madrid: Victoriano Suárez, 1894-97, 23 vols.

    El primer tomo de estas Obras fue editado por Rivadeneyra, el resto por Victoriano Suárez.

    Tomo 1 contiene su biografía y la obra El visitador del pobre.

    Tomo 2 La beneficiencia, la filantropía y la caridad.

    Tomo 3 Cartas a los delincuentes.

    Tomo 4 La mujer del porvenir y la mujer de su casa.

    Tomo 5 Estudios penitenciarios I.

    Tomo 6 Estudios penintenciarios II.

    Tomo 7 La cuestión social: cartast aun obrero .

    Tomo 8 La cuestion social: cartas a un señor.

    Tomo 9 Ensayo sobre el derecho de gente.

    Tomo 10 Las colonias penales de la Australia y la pena de deportación. A todos. Examen de las Bases aprovadas por las Cortes para la Reforma de Prisiones y La cárcel llamada modelo.

    Tomo 11 La instrucción del pueblo. Observaciones sobre la educación física, intelectual y moral de Herbert Spencer. La instrucción del obrero y La educación de la mujer.

    Tomo 12 El derecho de gracia ante la justicia . El reo, el pueblo y el verdugo o la ejecución pública de la pena de muerte El delito colectivo.

    Tomo 13 El visitador del preso.

    Tomo 14 Informes presentados en los Congresos penitenciarios de Estocolmo, Roma, San Petersburgo y Amberes.

    Tomo 15 El pauperismo, I.

    Tomo 16 El pauperismo, II.

    Tomo 17 Memorias sobre la igualdad social y política y sus relaciones con la libertad y Consecuencias de la desigualdad social del hombre y la mujer.

    Tomo 18 Artículos sobre beneficiencia y prisiones, I.

    Tomo 19 Articulos sobre beneficienciay prisiones ( contiene el artículo Pobres mujeres), II.

    Tomo 20 Articulos sobre beneficienciay prisiones ( contiene el artículo Carta de un aficionado a toros y Contestación), III.

    Tomo 21 Artículos sobre beneficiencia y prisiones, IV.

    Tomo 22 Artículos sobre beneficiencia y prisiones, (contiene además: Estudios sobre el trabajo de las mujeres en París, por Carolina de Barrau y Asociacioes para la enseñanza de la mujer), V.

    Tomo 23 Cuadros de la guerra.

Obras completas. Madrid: Tip. Huelves y Cia., 1934.

Obras completas. Bilbao: Editorial Vizcaína, 1908.

Fábulas en verso. Madrid: Imp. T. Fortanet, 1851.

La Beneficiencia, la Filantropía y la Caridad. Madrid: Colegios de Sordomudos, 1861.

    Obra merecedora del Premio de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en 1860. Al saber los académicos que era una mujer la autora de dicha obra, deliberaron si la podrían premiarla o no. Los académicos acordaron que sí, con lo cual Concepción Arenal se convirtió en la primera mujer premiada por una Academia, quedando así su fama consolidada.

Manual del visitador del pobre. Madrid: Imp. a cargo de R. Ludeña, 1863.

    En esta obra, Concepción Arenal da un nuevo enfoque al concepto de la pobreza. Ella escribe, "Presumimos de gigantes contando por estatura propia el pedestal en que nos colocó la fortuna. Todos hemos formulado u oído formular ciertos cargos contra el pobre...; si en vez de decir el pobre dijéramos la pobreza, seríamos más exactos" (74).

Manual del visitador del pobre. Madrid: Nuevas Gráficas, 1959.

Cartas a los delincuentes. La Coruña: Imp. del Hospicio, 1865.

    Concepción Arenal no exime nunca de responsabilidad al que comete delitos; puede comprenderle pero no disculparle. Ella les dice: "Todos tenemos la predisposición a buscar en los escritos más bien lo que nos halaga que lo que nos instruye; todos nos inclinamos a mirar en nuestros males más bien la obra de los demás que la nuestra propia: todos prestamos fácilmente oído a quien acusa al que nos ha condenado" (218-219).

La mujer del porvenir. Sevilla: Eduardo Perié, 1869.

    Es una obra que nace con el propósito, muy ilustrado y feijooniano, de desvanecer errores que existen en la opinión de la mayor parte de la sociedad sobre la mujer

La mujer del porvenir. Madrid: Ricardo Fe, 2a. ed. corr. y aum., 1884.

La mujer del porvenir. Barcelona: S. General de Publicaciones, 1934.

Las colonias penales en Australia y la pena de deportación. Madrid: Imp. Eduardo Martínez, 1877.

    En 1875 la Academia de Ciencias Morales y Políticas premia esta obra que llevaba el lema "Decidnos cuál es el sistema penitenciario de un pueblo y os diré cómo es su justicia".

Estudios penitenciarios. Madrid: T. Fortanet, 2a. ed., 1877.

    Obra nacida a raiz de la preocupación penalista de Concepción Arenal. En esta obra, Concepción Arenal propone que los presidiarios sea trasladados en vehículos especiales, y no, encadenados viajando a pie por los caminos.

Ensayo histórico sobre el derecho de gente. Madrid: Imp. Revista de Legislación, 1879.

    Con esta obra Concepción Arenal gana fama internacional. En ella repulsa a la guerra, sólo admisible para defenderse del ataque de otro país, "para defender el derecho que no puede sostenerse sin ella" (187). Esta obra es la más importante obra jurídica sobre derecho internacional.

La cuestión social. Cartas a un obrero y a un señor. Ávila: La propaganda literaria, 1880.

    Obras en su época de un gran valor social y psicológico. En Cartas a un señor dice, "siendo yo radicalmente reformista, soy resueltamente antirrevolucionaria, o lo que es lo mismo, condeno en absoluto la apelación a la fuerza para derribar el poder constituido hoy en la España de Europa".

Cuadros de guerra. Ávila: La propaganda literaria, 1880.

    Esta obra fue escrita a raiz del contacto directo de Concepción Arenal con la realidad más cruenta de la tercera guerra carlista (1872-1876). En esta obra, Concepción Arenal retrata escenas dolorosas que ella misma presenció en el discurrir de la guerra.

La instrucción del pueblo. Madrid: Tip. Guttenberg, 1881.

    Obra premiada por la Academia de Ciencias Morales y Políticas en 1878, sobre el tema "La primera enseñanza. ¿Debería ser obligatoria? ¿Debería ser gratuita? Medios más eficaces para obtener el cumplimiento de aquel deber por las familias." En esta obra, Concepción Arenal señala la ignorancia como el obstáculo más importante con que se encuentra el progreso.

La mujer en su casa. Madrid: Gras y Comp. Edit., 1883.

    Obra en que Concepción Arenal expone los problemas y las injusticias sociales que sufre la mujer, concluyendo que la ignorancia, la falta de cultura de la mujers, es responsable de que ésta no tenga derechos políticos y sus derechos civiles sean discriminados respecto a los del hombre.

El derecho de gracia ante la justicia y el reo, el pueblo y el verdugo. Madrid: La España moderna.

    En esta obra, Concepción Arenal aborda el problema de la pena de muerte. Concepción Arenal no se muestra contraria a dicha pena máxima, por el contrario afirma "Quién mata debe morir." Concepción Arenal propone que la ejecución no debe ser pública y el garrote debe ser sustituído por la electricidad.

La cuestión penitenciaria. Santiago de Compostela,: Ed. Compostela, 1991.

El visitador del preso. Madrid: Asociación de colaboradores con las presas, 1991.

    Obra de espíritu similar al del Manual del visitador del pobre y en ella Concepción Arenal aborda los conceptos de delito, delincuente, arrepentimiento, enmienda, etc. Y recuerda el deber del visitador de procurar la adaptación y resignación del preso.

Cartas inéditas del Concepción Arenal. Manuel Gutierrez Carrajo, ed. La Coruña: Org. ofic. de la admón.1984.

    Estas cartas abordan temas como las causas de la miseria, el capital, las huelgas, el socialismo, la asociación, los impuestos, la Internacional, la igualdad, la familia, la propiedad, el comunismo, la patria, etc.